Reseña el escritor

Reflexiones de un cateto incomprendido te hará ver la capa más sensible del ser humano. Relata las sensaciones, sentimientos, percepciones que todos en algún momento de nuestra vida sentimos y que otros no se atreven a descubrir.

El autor va descubriendo el interior del ser humano como si de una cebolla se tratase, puesto que lo hace capa a capa hasta que llegamos a la profundidad. Nos hace mirar donde a veces nosotros mismos no somos capaces de mirar con detenimiento, observar esas sensaciones que no son tan buenas y que queremos disimular

Extracto de la reseña de Marian Fuentes Andújar para el escritor.es

El escritor

Escribo a modo de válvula de escape casi desde que tengo uso de razón. Lo necesito para sentirme en paz conmigo mismo

La exteriorización de sentimientos y emociones está presente en otras muchas formas de expresión artística como por ejemplo la pintura o la música. Existen canciones que son toda una declaración de intenciones, algunas claman al desamor, la alegría o sensación de euforia mientras que muchas otras son una clara  llamada de atención frente al abatimiento del ser humano ante determinadas situaciones.

Extracto de la entrevista realizada para elescritor.es

Fondo de armario

Demasiadas son las ocasiones, en las que nuestros sueños se ven perturbados en la noche por los problemas venidos de la mano del mañana.

Centrando todos nuestros esfuerzos en intentar resolver situaciones futuras, que ni siquiera lleguen a suceder. Obviando cada uno de esos pequeños detalles desapercibidos para nosotros en el día a día.

Sin prestar la más mínima atención a los personas, detalles, lugares y situaciones que tenemos a nuestro alrededor. Haciendo de todas ellas, nuestro fondo de armario. Ese que inevitablemente siempre acaba repleto de ropa y objetos completamente nuevos. Aún sin estrenar. Pensando en que mejor mañana. Total, que más da.

Provocando que terminen siendo presa de la fina capa del olvido envuelta entre los ácaros del abandono.

Esa que marca la delgada línea entre el interés y la dejadez. Como forzada a cruzar la frontera de la indiferencia. Y mientras, con el paso del tiempo terminan siendo como viejas prendas gastadas e inservibles. Abocadas a la más cruel de las ausencias. Hasta terminar sumidas en el frío letargo en lo más profundo de los cajones olvidados.

Tantas son las cosas que guardamos en nuestro armario sin estrenar. A veces por miedo a expresar nuestros sentimientos. Cerrándonos herméticamente en nuestra burbuja de cristal. A veces superados por ese temor al fracaso. A veces por ese miedo a vivir equivocadamente malgastando multitud de oportunidades. Olvidándonos de que, para reír, tal vez tengamos que llorar. Y que, para aprender a caminar, quizá necesitemos tropezar.

Por no hablar de todos esos abrazos y caricias perdidas a causa del orgullo, ese mal endémico colándose sin avisar por nuestra ventana de los sueños. Obligándonos a una más que forzada ausencia de compañía.

Escondiéndonos entre las sombras mientras esperamos, aletargados al cobijo de la esperanza, ese perdón que nunca termina de llegar por culpa de nuestra vanidad. Como aturdidos en la memoria del recuerdo. Caminando entre el bullicio de la multitud ocasionada por el devenir de nuestras acciones fallidas.

Ocultando demasiados sentimientos abocados al naufragio en medio de la tormenta. Como envueltos en esa espiral de furia en el centro de la tempestad. Impidiéndonos decir todo aquello que desde hace tiempo callamos.

Y mientras pasamos el tiempo errando en el camino ahogando los latidos de nuestro diminuto corazón. Cargando en la pesada mochila del paso del tiempo con esos zapatos aún sin estrenar por miedo a las temibles rozaduras. Impidiéndote caminar hacia adelante. Ensombreciendo un futuro aún por escribir.

Sin pararte a pensar en que tal vez, cuando cruces la próxima calle, aquello con lo que contabas ya no esté.

¿Y tu, que vas a estrenar hoy?
Mira que quizá ese mañana nunca llegue…

 

Imágenes: Pixabay

Inspirado en el cuento. Las sandalias negras.

Mi guerrero

Fueron un cúmulo de desafortunadas circunstancias las que inevitablemente acabaron empañando el momento de su llegada. Sumiéndoles a ellos en todo un mar de dudas invadidos por el desconcierto de tantos infortunios como tropiezos sobrevenidos a destiempo. A todos aquellos que revoloteaban impacientes entorno a su inminente aterrizaje.

Obligados a dejar a un lado aquellos instantes de felicidad inventados mediante momentos construidos erróneamente en el subconsciente. Escondidos tras las cuencas hundidas en esos ojos tristes como cautivos del disimulo oculto tras cada uno de esos llantos quebrados.

Mientras y con el paso del tiempo no pueden evitar sentirse como carcomidos por el desgaste de los días tratando de buscar cobijo a la sombra de la esperanza que nunca llega. Viéndose forzados a ver la vida pasar tras el cristal haciendo lo imposible por no despertarse presas de la desesperación. Como abocados a otro nuevo amanecer de la mano de la frustración. Dejando al descubierto sus rostros velados por la decepción del momento.

Y de pronto, cuando ya todo parecía diluirse en un mundo imposible de sostener, un reflejo irrumpe llenándolo todo con su resplandor. Cual guerrero en la antesala de la batalla poniendo de manifiesto toda su entereza.

Dejando al descubierto esa pícara sonrisa suya. Poniendo de manifiesto un pequeño halo de esperanza. Como la tan ansiada luz en un mundo entre tinieblas.

Pasando a teñir sus largas esperas de un color optimista en cada nuevo despertar. Llenando de futuras ilusiones cada nuevo amanecer. Siendo capaz de transmitirles una fortaleza y seguridad impropia de un ser tan diminuto.

Dando cobijo al optimismo entre las sombras donde hasta ahora solo habitaba la desesperación. Luchando no en vano por intentar aferrarse con fuerza a la lucha contra sus propios demonios que momentos atrás amenazaban con hacer pedazos sus maltrechos rostros. Dejando al descubierto la fragilidad de todo ser vulnerable invadido por la incertidumbre del momento.

Dejando en un segundo plano tanto dolor acumulado como cicatrices en el recuerdo de los días pasados. Haciendo añicos y dando al traste con tanta desolación amontonada en la retina del recuerdo. Poniendo de manifiesto un nuevo torrente de sentimientos y emociones encontradas. Cargando de nuevas y ahora si reales ilusiones a través de su todavía frágil existir. Como motor de su nuevo y feliz devenir.

Demostrándoles su fortaleza y capacidad de resurgir ante las adversidades cual ave fénix de las cenizas.

Tu llegada

En un momento donde todo parecía haberse tornado en negros nubarrones tras un horizonte de incertidumbre. La noticia de tu venida apareció de la mano de la esperanza en su vida.

Irrumpiendo como un torbellino trayendo consigo todo un entramado de sentimientos y emociones, desembocando en renovadas ilusiones. Como portadoras, ahora sí, de la certeza de un nuevo propósito en la vida.

Colándote para viajar por la memoria de los sueños con infinita frescura en sus cálidas noches de verano. Siendo capaz de mirar en los recuerdos a través de sus ojos. Haciéndole más amena la dulce espera.

Mientras que ahora, invadido por la alegría del momento con motivo de tu llegada. Él no podía dejar de pensar en la mejor forma de guiarte de su mano al despertar. Sin ni siquiera haber visto tus ojos parpadear.

Buscando la mejor manera de protegerte en su regazo de todas de las inclemencias que la vida sin duda se ocuparía de hacerte llegar.

Colándose entre tus sueños cual súper héroe salvador mostrándote todo su apoyo hasta conseguir hacerte el fuerte en la batalla frente a tus peores demonios, como dueños de tantas pesadillas. Haciéndote sentir plenamente amparado en cada una de las duras noches de insomnio.

Brindándote la oportunidad de sentirte seguro de ti mismo. Incitándote a sacar esa fortaleza a buen seguro oculta en tu interior.

Tiñéndote de luz y color en el pasar de los días inciertos, guiándote a través de esos primeros pasos en tu todavía lento caminar. Sin dejar de protegerte en los incómodos tropiezos. Salvándote así de lo tortuoso del camino a través de su apoyo incondicional.

Protegiéndote de cualesquiera que sean los avatares que el destino tenga a bien hacerte llegar. Haciéndote incluso sentir inmortal

Siendo capaz de mirar por tus ojos en aquellos momentos ensombrecidos por las peores decisiones.

Convirtiéndose en tu mejor compañero de viaje, bailando contigo bajo la tormenta en lugar de ofrecerte un para paraguas con el que cobijarte.

Dejándote crecer y madurar siendo capaz de ver la vida pasar a tu lado sabiendo mantener la distancia oportuna a cada momento., velando por tu protección en las más crudas noches de frío y soledad. Enseñándote a sacar partido en cada una de las trabas que el destino pueda poner en tu inusitado trayecto hasta conseguirte hacer ver el lado bueno de las cosas. Ayudándote a limar todas tus asperezas hasta hacer de ellas tu mayor fortaleza, necesaria para lograr aquello que sea que te propongas en la vida.

Con el único fin de evitarte deambular incluso después de llegado el momento de verte volar.

Porque a buen seguro que sin tu llegada la vida para el nunca habría sido del mismo color.

 

Presencia

No llores la ausencia con motivo de su partida. Se fuerte Intentando ocupar su lugar. Vistiendo toda esa ropa que un día te regaló. Escuchando todos esos discos que ya creísteis olvidados. Con cada una de sus letras que cientos de veces juntos tarareabais.

Tratando de deslizarte a través de la memoria del recuerdo por todos y cada uno de esos planes futuros que mutuamente prometíais cumplir, en lugar de lamentar su partida.

Desempolvando tantos instantes ahora presos en los cajones del olvido. Haciendo lo imposible por evitar instalarte entre el enfado y la amargura.

Explorando cada uno de sus rincones, esos que aún desprenden emociones, como impregnados de su eterna presencia.

Disfrutando de sus aromas. Aquellos que tantas veces te permitieron evadirte del mundanal ruido, de los problemas diarios. Esos que te hacían sentir que soñabas mientras aún te mantenías despierta a su lado.

Intentando explorar nuevas metas y horizontes a través del ventanal, vuestro ventanal. Tantas veces empañado como fiel testigo de vuestra pasión. Dejándote llevar nuevamente por aquella, la imaginación de su mente mientras te conducía a un sinfín de lugares aún desconocidos para ti.

Obligándote a ti misma a abrir sus armarios cerrados. Dejando todo su colorido al descubierto. Como si de nuevo quisiese brotar ese optimismo tan suyo de la mano de su llamativo atuendo, oculto tras de sí en cada una de sus viejas prendas.

Evitando así condenarlos al cruel abandono instalado en el inevitable paso del tiempo consiguiendo poner de manifiesto todo ese esplendor de mejores días pasados.

Revelando todas aquellas fotografías condenadas al olvido en el incierto futuro tras su partida. Haciendo que vuelvan a la luz de la mano de su eterna sonrisa tantos recuerdos felices ahora ya relegados.

Descorchando cualquiera de las botellas apiladas en el viejo botellero que un día para él tu restauraste. Brindando por cada uno de vuestros nuevos comienzos sin mirar atrás, como si aún permaneciese a tu lado. Volviendo a leer aquellos libros de poemas que a tus oídos en más de una ocasión, en vuestras noches de insomnio, el recitaba.

Para poder volar de la mano de todos esos sueños que un día planeabais cumplir. Manteniendo viva esa llama que alimentaba el fuego de vuestra pasión en lugar de limitarte a recoger las cenizas del pasado.

Recuerda que nunca volverá, pero siempre a tu lado estará tratando de paliar ese vacío que inevitablemente dejó.

La miseria

La miseria de tantos momentos añorados en la fría soledad de un cuarto vació. De tanta confusión en cada una de esas situaciones malinterpretadas. De tantos desprecios y abandonos en los mayores momentos de necesidad.
Mientras mantiene vivos los deseos que acunan sus sueños de esperanza que no se preocupan sino de esconder cada una de sus heridas aferradas en lo más profundo de su maltrecho corazón.

La miseria de la decepción por haberse creído al cobijo de aquellos abrazos rotos. Ocultos en la lejanía de los años pasados.

De tantos momentos perdidos tras un sinfín de caricias de alquiler. No siendo capaz de ver más allá de la sinrazón llegando hasta allí donde habita el corazón.

La miseria de cada una de esas caricias fingidas, ocultas una tras otra en lo más profundo del maquillaje de la frustración. Evitando sacar a la luz demasiados momentos ocultos bajo el temor del cruel abandono, como uno de tantos viejos aperos, arrinconados entre el tumulto y el crepitar del deseo de todo aquello que tantas veces pudo ser, pero nunca fue.

Mientras, a lomos del caballo de la incertidumbre, cabalga indómito e imparable viendo como cualquier mínimo atisbo de esperanza acaba difuminándose en la lejanía de los días perdidos. Sintiéndose presa de la duda cual marioneta en manos de la melancolía. Con la acuciante necesidad de vencer esos demonios alimentados por demasiados momentos temidos, arraigados en lo más profundo de su ser.

Empeñándose constantemente en luchar por aquello que no tiene, en lugar de preocuparse por vivir cada instante como si el siguiente nunca fuese a llegar. No siendo capaz de encontrar la siempre oculta belleza bajo el manto de la tristeza. Sin comprender porque se pasa la vida inmerso entre la esperanza y la decepción.

Mientras, en su lugar, se dedica a bailar entre sueños de incertidumbre sorteando tantos momentos fingidos, pero sin conseguir evitar el naufragio en la frialdad de la más profunda indiferencia. Como gotas de agua repicando bruscamente al chocar contra el suelo a merced del danzar del viento.

Porque solo comenzamos a ser conscientes de todo aquello que tenemos cuando irremediablemente nos toca hablar en pasado

Imágenes: Pixabay

Ausencia

Aún con el frío metido en el cuerpo por la angustia del momento. Todavía hoy no consigue creer que hayan pasado tantos días desde la tarde otoñal de aquel ya tan lejano octubre mientras su extenuado cuerpo se debatía entre el corazón y la razón.

Aquellos sentimientos encontrados donde la cabeza le mostraba claramente la necesidad de dejarla marchar. Pues sabía fehacientemente que es lo que ella hubiese deseado marcada por las circunstancias del momento.

Mientras el corazón seguía tratando de aferrarse a la más mínima de las esperanzas llegada con los tímidos rayos de luz de cada lento amanecer. Dejando imborrables marcas en su ya maltrecho corazón como gotas de rocío al despuntar el alba recorriendo los fríos ventanales de aquellos interminables e impolutos pasillos.

Tras el inevitable desenlace, y aun con todo un torrente de emociones invadiendo su interior. A día de hoy no termina de hacerse a la idea de que ya no está.

Aferrándose a la memoria del recuerdo tratando de mantener viva su presencia. Sin dejar de alimentar la llama. Poniendo el mayor de los empeños en cultivar viejas emociones vividas y renacer antiguas ilusiones perdidas. Haciendo lo imposible por apartar de su lado tantas otras caricias de alquiler sobrevenidas en el tiempo invadido por el desconcierto de su fría ausencia.

A sabiendas de que ya no está, y aún con las amargas cicatrices de la pérdida aflorando por la cercanía del momento hace lo posible por mantenerse en pie mostrando la mejor de sus sonrisas plantando cara a las adversidades futuras. Intentando evitar por todos los medios zozobrar en todo un mar de dudas y desconcierto.

Mientras navega a la deriva entre dos mundos, pasado y presente. Con la acuciante necesidad de terminar de cerrar antiguas heridas y pasar esa página del libro que le permita avanzar, caminar hacia adelante pensando en ese incierto mañana que inevitablemente aún está por llegar.

Por más esfuerzos que haga no puede evitar verse inmerso en todo un alocado impulso de la mano del caos y la incertidumbre. Llegando incluso a creer traspasar en demasiados momentos la frágil línea que separa la cordura de la locura.

Aunque en lo más hondo de su ser él sepa que de un modo u otro y sin poderlo evitarlo, y por más que pasen los años, su presencia en forma de ausencia perdurará para siempre en el como la mejor compañera del más agridulce de los viajes.

Imágenes: Pixabay

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