Luces y sombras

Cuando las lágrimas brotan, el frío te congela cual rocío al despertar en las frías mañanas de invierno, la incertidumbre te invade bloqueando todos tus sentidos.
La oscuridad te atraviesa como el filo del metal en la más cruda de las batallas, recorriendo como un penetrante escalofrío todo tu cuerpo.
Es entonces cuando la tristeza se convierte en tu mejor aliada, la soledad acaba siendo tu compañera de viaje y el alma se encoge trayendo consigo el más profundo y oscuro de los vacíos. Vacío ese que te conduce a rozar el abismo tornándose imposible de discernir entre ilusión y realidad.

 

Miradas perdidas

Miradas perdidas que se camuflan entre el calor de los abrazos a cada despedida. Miradas perdidas entre la frialdad y lejanía de una nueva partida contra los cristales en el viejo andén.
Miradas que se desvanecen, fundiéndose en el horizonte de cada nueva huida.
Miradas escondidas entre la penumbra de las oscuras noches de invierno en las solitarias calles desiertas.
Miradas hundidas en la lejanía de vidas pasadas y tiempos mejores.
Miradas perdidas entre la nostalgia y amargura de lo que pudo haber sido y nunca fue.
Miradas que se esfuman evaporadas entre la condensación de los fríos días en la soledad y la tristeza del momento.
Miradas perdidas en el vago recuerdo de tantos momentos que no volverán. De todas esas gentes que ya jamas regresarán.

Miradas escondidas entre los laberintos de la incertidumbre y el desconcierto.
Miradas escondidas, cobardes, detrás de todos y cada uno de aquellos quiero y no puedo todavía latentes en el recuerdo a cada despertar.
Miradas escondidas, en la distancia, abandonadas en la lejanía de los abruptos senderos maltrechos y agotados ya por tantos viajes sin retorno.
Miradas escondidas tras el amargo sabor de una nueva e inevitable partida más.
Miradas camufladas entre las sombras de la tristeza en la soledad de las noches más amargas.
Miradas escondidas a las puertas del olvido tratando de negar tantos secretos escondidos bajo llave tras de sí.

Miradas perdidas, sentimientos encontrados, a golpe de retrovisor domingo tras domingo cuando el camino de vuelta te conduce irremediablemente a la lejanía de tu lugar de origen.

Miradas_perdidas

Imágenes: Pixabay

De la hipocresía de algunos y el radicalismo de otros

Acaso, es que haciendo gala de esta demagogia tan de moda hoy día van a intentar hacernos creer ustedes señores animalistas, que el sufrimiento de un animal silvestre abatido a golpe de disparo certero es comparable al de cualquiera de uso doméstico obligado a desangrarse hasta desfallecer de una lenta agonía en cualquiera de nuestros mataderos industriales tras una espeluznante punzada, para terminar después en la carnicería de un supermercado en forma de cualquier alimento cotidiano.
Porque me encanta como predican hoy en día amparándose en esa falsa moral, o es que acaso el cerdo que ha vivido en libertad de la tranquila dehesa sin ningún tipo de stress no sufre en el preciso momento en el que el filo del cuchillo hace su reluciente aparición introduciéndose a través de la traquea hasta llegar a cercenar el corazón provocando una lenta agonía por desangramiento del animal.
Es que acaso muchas mentes hipócritas se atreverían a negar que este y otros muchos sufrimientos en algunos tipos de vida animal no son todavía hoy día necesarios en esta sociedad en la que vivimos. Esas mentes tan hipócritas que llenan su carro de la compra sábado a sábado con productos de origen animal, creyéndose resarcidos porque según ellos, son de esos que han llevado una vida digna sin maltrato y libre de presiones, pero y la dignidad en la muerte de un ser vivo para el consumo humano ¿me lo explican ustedes señores animalistas? ¿Y la dignidad en el preciso momento en el que no somos capaces de retirar de nuestra dieta productos como el jamón o el chorizo, chuletón o cualquier marisco? Igual es que olvidamos que el centollo o las nécoras también son seres vivos muertas a manos de nuestros semejantes.
Acaso es que es menos digno que un cachorro pueda desempeñar labores de ayuda con invidentes frente a tenerlo enclaustrado durante todo el día en un cubículo de no más de 60 metros cuadrados por muchos paseos que se le de. Entre sus planes también está el de prohibir el uso de determinados animales en labores de salvamento. ¿También eso es maltrato?
Abran todos ustedes sus neveras armarios y zapateros para intentar clarificar la dosis de hipocresía en la que nos vemos inmersos.

Imágenes: Pixabay

Guerrero

Momentos cargados de recuerdos, situaciones que solo evocan nostalgia e inmensos vacíos imposibles de llenar, capaces de poner los sentimientos de cualquiera a flor de piel. Es entonces cuando apareces tú, luchando contra viento y marea siendo capaz de contagiar esa desgarradora fuerza haciendo sentir protegido cual niño acurrucado al cobijo de un abrazo en la peor de las penumbras a todo aquel que esté a tu alrededor.
Porque a tu lado, mis miedos se llenan de esperanza y mis tristezas se tornan en alegría siempre de la mano de esa eterna sonrisa tuya, imborrable aun en las situaciones más difíciles, en los momentos más duros.

Por tu fortaleza digna de admiración.
Por cada uno de esos amargos momentos camuflados entre bromas y risas.
Por todas y cada una de esas veces que te caíste y no has dudado en volver a levantarte por muy nublado que se vislumbrase el horizonte.
Gracias, por hacernos el día a día mucho más fácil con tu actitud y tu forma de ver la vida.

Miedo … al olvido

Esa extraña sensación a menudo venida de la mano de la incertidumbre.
Ese desconcierto ante un posible peligro que sobrevuela tratando de colarse por la ventana de nuestros sueños en la oscuridad de una noche de tormenta.

• Miedo a buscarte y no encontrarte.
• Miedo a perderme en tu mirada aún a sabiendas que ya no volveré a verte.
• Miedo a no poder abrazarte.
• Miedo a no poder hablarte y jamás volver a escucharte.
• Miedo… a comenzar de cero y sin ti, sin tus dulces besos y sabios consejos.
• En definitiva, miedo a
perderte en el olvido de los años pasados en los cajones repletos de fotos antiguas y momentos vividos.

Dichoso miedo, esa sensación a veces tan temida, por todos tan odiada

hojasolvidadas

Imágenes: Pixabay

Dolor

Dolor colándose como el duro frío en las peores mañanas de invierno penetrando por tus huesos hasta lo más profundo de tu ser,
Dolor que te aprisiona, estremeciéndote como si de una una punzada desgarrándote las entrañas se tratase.
Dolor que termina por nublar cualquier atisbo de cordura paralizando todos tus sentidos, dilatando tus pupilas.
Dolor que casi sin darte cuenta acaba entumeciéndote en lo más profundo de tu ser arrebatándote hasta el alma.

La felicidad como estado de ánimo

Cuantas veces nos hemos preguntado ya no por el valor o precio de la felicidad sino por ese ansiado secreto por el que todos seríamos capaces hasta de vender y en más de una ocasión, nuestra propia alma al diablo.

Nos pasamos la vida intentando buscar el modo, la excusa o el motivo que pueda justificar nuestra felicidad, sin llegar a darnos cuenta de que los días que se van ya nunca volverán, sin saber valorar todos esos pequeños detalles, por no hablar de nuestros seres queridos, esos a los que tantas veces nos cuesta dedicar un poco de nuestro valioso tiempo cuando ellos otrora nos lo dieron todo por ayudarnos a ser lo que hoy somos. Pues vivimos obsesionados por nuestras rutinas cuando lo correcto es llegar puntual, aspirando a ser el mejor o el más competitivo ya sea en nuestro grupo de amigos, en el trabajo o de nuestra promoción.

Cuan equivocados estamos al pensar que la felicidad es aquello que puedas encontrar al final del camino sin darnos cuenta de que puede estar justo ahí, a tu lado, en aquello que vas construyendo día a día, en todos esos pequeños momentos, recuerdos o detalles, en pequeños gestos o actitudes de nuestros seres más queridos, una cena con amigos o ese reencuentro tan esperado con tu añorada infancia que nunca termina por llegar.

Porque de pronto y casí sin darnos opción la vida se nos puede revelar dándonos una sacudida en forma de sorpresa inesperada arrebatándonos aquello que sin haberte dado cuenta era lo que más querías, lo más valioso, pero a la par aquello a lo que tan poco valor le dabas y tanto descuidabas.

Ese es el momento de detener la máquina y decidir pensar que la felicidad tal vez sea una forma de vida e incluso porque no, un estado emocional como consecuencia de todo aquello que te rodea en tu día a día llenándote como persona, todos esos pequeños detalles, momentos, situaciones o personas que siempre se mantuvieron a tu lado.

  • Por todos esos debí haberlo intentado que te prometiste nunca decir.
  • Por todos esas decisiones que te juraste no dudar en tomar.
  • Por todos esos te quiero que te obligaste a decir.
  • Por todos esos abrazos y caricias que te obligaste a no reprimir.
  • Por todas y cada una de esas escapadas a destiempo para disfrutar solo unos instantes de ti.
  • Por todo eso y mucho más, disfruta y se feliz.

gracias @irenejotade por este vídeo tan interesante que me hizo reflexionar sobre la felicidad.

 

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=KLPZh4GC6Gs&w=560&h=315]

camino

Imágenes: Pixabay

Lobby porcino

Vaya por delante mi total respeto y admiración a la increíble labor periodística de Jordi Évole en Salvados aunque en este caso crea que se equivocan ofreciendo una realidad sesgada y puede que incluso quizá algo alejada  del día a día en el sector porcino de este país.

No puedo evitar sentir indignación al vislumbrar las consecuencias que este tipo de informaciones acaban provocando en un sector  como es el del porcino ya que si lo que puede que inocentemente se buscase era realizar una crítica al sector cárnico e incluso puede que a multinacionales integradoras lo único que va a conseguirse es poner una losa aún mayor a un sector tan denostado por muchos en este país como es el ganadero y  por ende también el agrícola.

Bajo ningún concepto tengo intención de justificar a determinados propietarios ni tampoco las condiciones en las que se encontraban los animales de la granja en cuestión, que no se interprete tampoco que pretendo dar la cara por este tipo de empresas denominadas integradoras, pues en mayor o menor medida  su incursión en el mercado español fue la causante de que muchas pequeñas explotaciones se tuviesen que plantear cerrar las puertas.

Que duda cabe que habría muchas cosas que cambiar en un sector que puede que no evolucione al ritmo en que lo hacen las nuevas tecnologías 2.0 o crecen las grandes ciudades europeas, sin duda puede que se haga necesario mejorar ciertos procesos como la castración o el descole, no lo niego pero…

  • ¿Acaso vamos a poner en duda la profesionalidad de todos nuestros veterinarios?
  • ¿Acaso vamos a poner en duda el esfuerzo y sacrificio de todos esos ganaderos que velan por una parte tan imprescindible en la cadena de alimentación como es la cría y engorde de animales de consumo? Esa enorme labor que solo unos pocos están dispuestos a hacer.
  • ¿Acaso ustedes, queridos magnates de la industria de televisión van a eliminar el jamón de su dieta? ¿Acaso ya no es el plato estrella de sus recepciones y cenas de gala entre amigos?
  • ¿Acaso no somos todos juez y parte de esta sociedad vertiginosa y consumista que nos lleva en algunos casos a determinados  modos de maltrato en las diferentes formas de vida animal?
    A ver si va a resultar que el problema está mucho más enraizado de lo que a priori pueda parecer y no es solo culpa del sector porcino.

Pero es que acaso la manzana podrida corrompe al resto si se sabe apartar del cesto a tiempo, acaso es justo demonizar a las otras 89.999 explotaciones ganaderas existentes en nuestro país, a no ser, que estemos completamente seguros y dando por supuesto de que las prácticas en todas ellas son de idénticas características a las ya por todos vistas en “una única” explotación dentro de las 1000 existentes en la región de Murcia.

Me gustaría poder afirmar que no existen jornadas maratonianas por ejemplo en el sector de la televisión, las nuevas tecnologías, el transporte o la construcción, por citar algunos de ellos al azar, el caso es que tristemente todos sabemos que no es así y que la supuesta crisis en este país no ha hecho sino empeorar tristemente  las ya precarias condiciones laborales de  muchas personas en este país, ya sean inmigrantes o no.

Si hoy soy lo que soy no es sino gracias a la lucha y esfuerzo constante en el día a día durante más de 25 años  de una pequeña explotación ganadera en el sector del porcino, quizá yo si sepa un poquito  de primera mano de lo que hablo, y lamento decir que para nada me siento identificado y estoy seguro que como yo, otros muchos tampoco lo harán.

Sueños rotos, ilusiones robadas

Todo cambió cuando la leve brisa de la fría mañana atravesó el enorme ventanal, pillando por sorpresa a ambos aún cegados por el sol con los primeros despuntes del alba, sacudiendo fuertemente los cristales hasta resquebrajarlos, haciéndolos saltar, convirtiéndolos en añicos, virutas tan peligrosas como el frágil devenir de todos aquellos sueños que un día juntos planearon construir.

Al fin y después de todo no había supuesto sino el final de su prisión, pues parecía que por fin conseguían salir de aquella su burbuja de cristal que les mantenía aislados del mundo exterior, pero a que precio se preguntaba Lisa mientras ambos fueron sumiéndose en el olvido de aquella oscura habitación, empapada de llanto y tristeza, soledad y vació.

No tanto vacío como con el que se dio de frente él al aparecer y tras abrir la puerta de la habitación encontrarse las hojas de la ventana golpeando contra la pared, como el que sintieron sus ojos al encontrarse aquellos sueños estrellados contra el suelo entre cristales y agua dulce, tan dulce como todas esas ilusiones ya esfumadas.

No pudo evitar que sus lágrimas brotaran inundando de sal sus labios y mejillas al encontrarse aquellos dos seres indefensos y diminutos intentando aferrarse con más fuerza que nunca a la vida, mientras trataban de capturar desesperada y aún delicadamente los últimos resquicios de oxígeno entre la incertidumbre y desasosiego provocados por el agua chocando contra los cristales esparcidos como añicos por el viejo suelo.

Notó como aquellas, sus vidas se escapaban ante si pero ya nada pudo hacer por Lisa & Fran. Trato de sostenerlos delicadamente pero no pudo ser ya sino un mero espectador de última fila mientras veía como entre sus dedos aquellas miradas tristes se marchitaban, llevándose consigo lo mejor de sus vidas,lo mejor de sus deseos y todos aquellos sueños aún por cumplir, observo como sus todavía delicadas branquias dejaban de palpitar mientras sus diminutos corazones, ya jamás volverían a latir.

Irguió la cabeza de nuevo, hasta llegar a vislumbrar aun cegado por el sol lo que quedaba de la diminuta pecera esparcida y simplemente no pudo evitar llorar.

Imágenes: Pixabay

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