El futuro no existe

Desde niños nos inculcan a fuego la idea de labrarnos un futuro, a pensar única y exclusivamente en el porvenir del mañana. Haciéndonos creer que sin un futuro no seremos nadie de provecho en esta jungla en la que nos toca batallar.

Nos pasamos la vida pensando en el mañana en lugar de ver con claridad el aquí y ahora. Estudiamos para lograr un buen trabajo y cuando lo conseguimos, no solo nos dejamos la piel en sangrantes jornadas de trabajo interminable. Sino que nos sentimos también en la obligación de seguir luchando por el ansia de ir a más. Sin pararnos a pensar que quizá no es sino fruto del miedo a sentirnos sujetos indiferentes dentro de la sociedad.

Ilusiones frustradas de la mano de sueños abandonados en favor de nuevas metas. Emociones que se pierden ante el frío de la continua dejadez por falta de tiempo. Falsas esperanzas inútilmente camufladas tras el difícil peso de la rutina diaria.

Desenlaces inesperados a causa de tantas ambiciones fallidas. Demasiados proyectos fracasados que se disfrazan tras los engaños de esa supuesta futura vida mejor que nunca llega. Momentos que se esfuman entre la desesperación y confusión de cada reto inacabado oculto a la vuelta de cada obstáculo no sorteado.

Sueños incumplidos, desesperación, dolor, pena, frustración…

Creemos hipotecar nuestra cuenta corriente cuando en realidad estamos empeñando nuestros sueños e ilusiones, sentimientos y pasiones, incluso nuestro propio bienestar en aras de un supuesto mejor porvenir. Sin llegar a ser capaces de ver como abandonamos entre los caminos de la frustración nuestro bien más preciado. «El tiempo». Ese tan valioso que no se compra ni se vende. Y que por desgracia ya nunca vuelve.

El tiempo pasa casi sin darnos cuenta de todos esos anhelos abandonados en los trayectos carentes de firmes propósitos. De tantas esperanzas desvencijadas y rotas en el trayecto repleto de deseos marchitos como si de una margarita desojada por los anhelos de una impetuosa adolescencia se tratase.

Evitemos vivir una vida desordenada y alborotada en medio de toda esa marabunta que nos consume a cada instante. Esa vida que en demasiadas ocasiones y muy a nuestro pesar, no nos pertenece, fruto de una realidad paralela y distorsionada dentro un mundo artificial. Sumergidos en nuestra burbuja de cristal como fruto de un ideal que, no nos engañemos, tampoco existe.

Vivamos el presente, estrujemos el momento, acariciemos cada instante recorriendo los recuerdos. De ese pasado que si existe y al que en demasiadas ocasiones dejamos escapar mientras, malgastábamos el tiempo pensando en el tan ansiado mañana. Mañana ese que quizá, quien sabe, nunca llegará. Puesto que la vida de pronto y sin pensarlo. Puede aparecer en forma de cruel zarpazo arrebatándonos aquello que más deseamos. Aquello que siempre tuvimos ahí pero no supimos ver. Dando al traste con todos esos sueños e ilusiones que durante tanto tiempo luchábamos por cumplir.

la vida nos ataca sin darnos cuenta de que tristemente el final nos alcanza.
Disfrutemos del momento, hagamos de nuestra vida un sueño y de ese sueño una realidad.

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Empatía

Esta palabra por todos codiciada y por tan pocos predicada. En estos días tan convulsos que vivimos con la incesante expansión del COVID-19 ya elevado a calificación de pandemia no reina sino la sinrazon y el egoismo por uno mismo anteponiendo los caprichos individuales frente a las necesidades colectivas de un problema claramente mundial.

Porque si de algo somos, no solo pioneros sino campeones ya no solo en Europa sino en el mundo, aquí en España es en criticar y exigir responsabilidades a nuestras autoridades y gobernantes (ya sean unos u otros) cuando ni siquiera somos consecuentes. No siendo capaces de cumplir unas recomendaciones básicas de convivencia, de «primero de párvulos». Acatando órdenes únicamente a golpe de talonario en forma de multa o arresto bajo supervisión policial. Para justificarnos seguidamente después culpando de todo al tan famoso y por todos conocido «afán recaudatorio»

Las administraciones cierran colegios y nosotros llenamos parques con nuestros niños, nos impiden la entrada en museos y nosotros llenamos bares. Pero claro, ya se sabe que un español con un cubata en la mano no solo lo sabe todo sino que es capaz de poner soluciones a cualquier crisis mundial.
Nos aconsejan no desplazarnos, y que hacemos, una visita a nuestros lugares de orígenes a intentar regresar el domingo con los maleteros repletos de productos frescos no contaminados y si se tercia, aprovechando que los peques no tienen cole. Pues porque no, vayámonos a la playa que allí seguro que respiramos aire más puro.En fin…

Supermercados desvalijados.Productos de primera necesidad que se esfuman incluso antes de haber levantado la persiana. Ciudadanos apremiando a cajeros y reponedores la apertura de establecimientos mientras aporrean puertas y cristales. Rancios humanos llegando incluso a las manos frente a las vacías estanterías de un super, peleando ya no por un brick de leche o paquete de arroz sino por un simple rollo de papel higiénico. Ya me explicaran de los poderes nutritivos de la celulosa.

Héroes sin capa, en forma de sanitarios que al llegar a casa y y despojarse de de su bata, la mascarilla y olor a formol, encuentran sus neveras vacías, sin lugar donde comprar a causa del egoísmo del resto de ciudadanos de a pie que han abarrotado sus frigoríficos en un alarde, claro esta que no precisamente de empatía.

Aún con todo, después parecemos los más inteligentes a la hora de quejarnos tachando las decisiones de gobierno administración e instituciones así como de nuestros sanitarios (a todas luces claramente desbordados) cuando, al menos unos, ya no tengo tan claro los otros, no hacen sino desvivirse por dar lo mejor de ellos a cada uno de nosotros cuando cruzamos el umbral de un centro hospitalario.

Todo esto no me hace sino pensar que probablemente y aunque duela decirlo, no tenemos mas que lo que nos meremos. Pues a veces durante esos días y en medio de la convulsa situación que estamos padeciendo tengo la extraña sensación de despertar de un mal sueño donde estaba en un patio de colegio sin profesores, carentes de disciplina alguna en un país de pandereta ,castañuelas y olé. Porque llegado el momento, y ha de llegar porque a las puertas está. Muchos serán los que lamentarán preguntándose ¿ y la feria de Abril que? mientras que otros serán los que digan ¿ Nuestra semana santa ? no no, esa no se toca. Anteponiendo una vez más sus creencias o interese personales a un problema común. De nuevo y una vez más, ¿donde está la empatía? Si no es necesaria en tiempos tan difíciles como éstos…

Me siento atrapado en un país dentro una sociedad egoísta e individualista que no me representa.

Nos extinguiremos si,
pero claramente de estupidez

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¿Me arrepiento?

No me arrepiento de cada una de nuestras cómplices miradas aún a pesar de sufrir el frío vacío en sus ojos como única respuesta. cuando el más profundo de los desconciertos nos invadía.

No me arrepiento de haber cambiado tantos y tan cálidos momentos por la penumbra entre las lúgubres tinieblas del ostracismo.
No me arrepiento de no atender a sus consejos cuando me alentaba a luchar contra mis dragones, esos que alimentaban todos mis miedos.
No me arrepiento de haberme perdido entre los laberintos de la desesperación y el fracaso si gracias a ello logré alcanzar el éxito a través de sus acertados y sabios consejos.

No me arrepiento de todas y cada una de esas sonrisas regaladas tantas veces desperdiciadas.
No me arrepiento de haber evitado todas y cada cada una de esas cómplices y penetrantes miradas.
No me arrepiento de cada gesto de rechazo frente al cariño de tantas caricias entregadas.
No me arrepiento de haberme abrochado fuertemente el cinturón para sortear los baches que nos imponía cada curva del destino. Aferrándome con fuerza viendo la vida pasar tras el cristal.

No me arrepiento del fracaso a cada naufragio en el mar de sus caricias. Si con ello aprendí a mantenerme a flote y nadar aún con más fuerza.

No me arrepiento de haberme desgarrado por dentro a cada uno de mis intentos de ser mejor persona hasta conseguir abrir mi alma por completo dejando al descubierto mis sentimientos y emociones. Aún a sabiendas que en demasiadas ocasiones acabaría siendo todo lo contrario a lo que un día yo mismo me prometí.

No me arrepiento de tantas frías e indiferentes despedidas si de ellas acabó surgiendo ese apremio por sentir, buscar, amar…

No me arrepiento de haber sabido frenar y recapacitar a tiempo para hacer un hueco a mi lado. Siendo capaces de sortear los obstáculos en cada una de las cuestas arriba necesarias, atravesando mi piel hasta llegar a lo más profundo de mi ser. Consiguiendo con ello desnudar mis emociones más ocultas, sacando los sentimientos escondidos en los rincones herméticos de mi sombrío y apenado interior.

No me arrepiento de ser la víctima de los golpes en sus tempestades, si finalmente acabé siendo el dueño de ese nuevo futuro a cada comienzo de una nueva etapa en su vida. Como barco que parte con ilusión enfrentándose a cada tormenta esperando fondear entre las transparentes y cristalinas aguas de un nuevo mundo.

No me arrepiento de haber encontrado finalmente la calma en el calor de sus caricias y abrazos entre el caos y la incertidumbre de mis peores pesadillas, esas que se empeñan en aferrarse a mi siendo las causantes de mis noches más oscuras.

No me arrepiento de muchos de esos momentos fingidos si ellos acabaron siendo los causantes de que mi necesidad para con ella fuese mucho más fuerte e intensa que cualquiera de mis dudas.
Porque no me arrepiento finalmente de haberla encontrado, alguien tan fácil de querer como difícil de retener.

Porque no me arrepiento de haberla prometido el cielo sin con ello me condené a ser la víctima de la furia en todas sus tormentas.

 

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Toda una vida

Por todos y cada uno de esos instantes dando simplemente lo mejor de vosotros en cada momento.
Por toda una vida cargada de sacrificios en favor siempre de los demás, familia pueblo, amigos y conocidos.
Por todas esas cargas emocionales en cada uno de mis tropiezos sabiendo estar siempre en el momento y lugar adecuado.
Porque vuestras derrotas se convirtieron en mis victorias y vuestras fortalezas limaron mis debilidades, haciendo de todos mis logros el mayor de vuestros orgullos.

Porque toda una vida no fue suficiente. Porque tu, si tu, te fuiste antes de tiempo, tan cerquita de un día tan importante aunque, a decir verdad, ¿qué demonios?, no nos engañemos, nunca hubiera sido buen momento para un adiós.

Porque una gran parte de mí, no sería yo sin vosotros.
Porque 50 años no es nada y toda una vida para vosotros no fue suficiente

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Mi tren, tu tren

Antes de nacer, incluso antes de haber sido gestados en el vientre de nuestra madre, ya estamos predestinados a comenzar este viaje. Casi sin darnos cuenta nuestro tren comienza a andar y allí nos encontramos con nuestros padres, algunos de nuestros primos, tíos e incluso puede que ya algún amiguito, de esos que todos en algún momento tuvimos por cortesía de nuestros progenitores.

Durante nuestro viaje, el tren ira deteniéndose en muchas y variadas estaciones donde, en algunas de ellas nos tocará despedir a muchas de las personas que nos venían acompañando tales como hermanos o abuelos, dejando éstas un hueco imborrable en el vacío de sus asientos cual negra noche en el más duro de los inviernos. Por el contrario habrá otras muchas que nos acompañaran a lo largo del trayecto, e incluso nos dirán adiós en el final de nuestro viaje siendo nosotros los causantes de ese su vacío impenetrable en los huecos de los ya fríos y abandonados asientos. Sin embargo, en muchas de éstas paradas subirán a nuestro vagón nuevos amigos, compañeros y conocidos. Mientras que otras paradas vendrán cargadas de júbilo y emoción, llenando esos huecos vacíos con la ilusión de nuevos nacimientos. Puede que incluso alguna de estas estaciones nos muestre al amor de nuestra vida, ese que previsiblemente no se apearía de nuestro lado nunca… o puede que no, que esa compañía nunca compre un billete para nuestro viaje.

A lo largo del camino, nuestro tren pasará por altos y bajos, claros y nubarrones e incluso algún que otro accidente del que seguro salimos incluso más reforzados si cabe, provocado por el tortuoso camino en función de lo difícil del momento. Diferentes cambios de vía, idas y venidas en forma de rupturas, desavenencias, duras despedidas así como los tan ansiados reencuentros, matrimonios y reconciliaciones. Tramos cargados de alegría, otros más complicados invadidos por la tristeza mientras que unos pocos estarán llenos de emoción y fantasía. Porque tras la más dura y tortuosa de las tormentas siempre aparece esa luz que tras la calma te permite avistar con mayor claridad todas las ansiadas metas en el horizonte.

Dado que no sabemos en que momento el destino nos apeará del camino, tratemos de hacer el viaje junto a los diferentes pasajeros lo más agradable posible, disfrutando del momento entre las estaciones soleadas y luchando con la mejor de nuestras sonrisas en los trayectos más oscuros. Pues aunque nos cueste creerlo este, el tren de nuestra vida, solo pasa una vez, sin vuelta atrás más que para ver a toda velocidad lo que ya dejaste escapar y a buen seguro nunca volverá.

Ese nuestro tren, llamado VIDA…

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Vértigo

Niños anclados a tablets, intentando ampliar fotografías impresas en papel de revista en cualquier peluquería de barrio.

Infancias presas de las nuevas tecnologías, adolescentes de la mano de un móvil, más preocupados por el número de likes del último post que por ayudar a su anciana vecina con la compra, mirar al otro lado al cruzar la acera o saludar a cualquier viejo conocido.

Padres y madres a destiempo, movidos por cierto ansía de querer madurar antes de lo humanamente razonable que traen al mundo criaturas desvalidas, de las que luego no van a poder ocuparse.

Jornadas de infarto en la oficina, auténticos maratones como intentos de proliferas carreras laborales, finalizadas sin éxito en demasiadas ocasiones, frías como lúgubres sótanos invadidos por el desencanto del fracaso. Ansia de poder, codicia…

Ciudades repletas de nuestros semejantes, presos de la polución y adictas al consumo desmesurado, apelotonados como chinches en cubículos, sumidos en la desesperación y temerosos por ese desconcierto del momento en que nos vemos inmersos.

Sociedad marchita y corrompida por el vertiginoso ritmo de vida impuesto por todos aquellos que se hacen llamar «nuestros dirigentes»

Ciudades atascadas, colapsadas, infraestructuras, a todas luces insuficientes. Mientras, nuestros pueblos, aquellos que otrora fuesen causantes de nuestra historia, de vernos nacer y crecer como personas y sociedad, se vacían. Esos que aún hoy y por increíble que parezca siguen siendo el motor de nuestra cadena agro alimentaria, se abandonan.

Playas abarrotadas, verdaderas joyas naturales anteriormente protegidas, ahora ya completamente devastados por la inmundicia de nuestros semejantes.

Padres que obligados en cierta medida por la situación y circunstancias del momento dejan de lado a sus hijos anteponiendo sus brillantes carreras profesionales en grandes multinacionales donde solo son un número mas. Viendo pasar de lejos su infancia, adolescencia y juventud. Pero sin darse cuenta, y de una forma totalmente inconsciente, de que están olvidando lo más importante, la educación, esa que debería funcionar como bálsamo del engranaje que mueve el mundo y sin la cual se hace imposible convivir.

Que pare este mundo, que yo me bajo!!!

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Imágenes: Pixabay

Eramos

Cuando solo tu eras capaz de hacerme sentir protegido en tu regazo. Aun a pesar de todas las inclemencias de la vida.

Cuando conseguías hacerme ver que detrás de todos y cada uno de mis caprichos, por pequeños e insignificantes que pudiesen parecer, siempre se escondía el mayor de tus sacrificios.

Cuando fuiste capaz de entender que por increíble que pudiese parecer, los tiempos cambiaban y nosotros debíamos hacerlo con ellos, tu incluida, sabiendo sobrellevar la nunca fácil carga que supone el trato con un adolescente sin perder la siempre necesaria postura de autoridad pero a la par tratando de ganarse la de la mejor de las amigas.

Cuando hacías gala de ese oportunismo tan tuyo capaz de convertir cada uno de mus miedos en simples y valientes «tu puedes» impregnados de ese sabor optimista siempre tan característico cuando de ti se trataba.

Cuando eras capaz de hacerme entender que solo yo era quien podía luchar por conseguir mis sueños, y que si peleaba con todas mis fuerzas, tarde o temprano, se obtenía la recompensa.

Cuando me hacías ver que solo como fruto de mi esfuerzo llegaría la meta.

Cuando eras capaz de tenderme la mano guiándome a la hora de esquivar los baches sin importar lo tortuoso del camino.

Cuando la felicidad se convertía en algo tan simple y liviano como ver la vida pasar a tu lado. Porque sentimientos, nostalgia y pasado son términos difíciles de conjugar en el mismo contexto.

Porque cuan complicado se nos hace recordar cuando de vidas mejores y tiempos pasados se trata.

Luces y sombras

Cuando las lágrimas brotan, el frío te congela cual rocío al despertar en las frías mañanas de invierno, la incertidumbre te invade bloqueando todos tus sentidos.
La oscuridad te atraviesa como el filo del metal en la más cruda de las batallas, recorriendo como un penetrante escalofrío todo tu cuerpo.
Es entonces cuando la tristeza se convierte en tu mejor aliada, la soledad acaba siendo tu compañera de viaje y el alma se encoge trayendo consigo el más profundo y oscuro de los vacíos. Vacío ese que te conduce a rozar el abismo tornándose imposible de discernir entre ilusión y realidad.

 

Miradas perdidas

Miradas perdidas que se camuflan entre el calor de los abrazos a cada despedida. Miradas perdidas entre la frialdad y lejanía de una nueva partida contra los cristales en el viejo andén.
Miradas que se desvanecen, fundiéndose en el horizonte de cada nueva huida.
Miradas escondidas entre la penumbra de las oscuras noches de invierno en las solitarias calles desiertas.
Miradas hundidas en la lejanía de vidas pasadas y tiempos mejores.
Miradas perdidas entre la nostalgia y amargura de lo que pudo haber sido y nunca fue.
Miradas que se esfuman evaporadas entre la condensación de los fríos días en la soledad y la tristeza del momento.
Miradas perdidas en el vago recuerdo de tantos momentos que no volverán. De todas esas gentes que ya jamas regresarán.

Miradas escondidas entre los laberintos de la incertidumbre y el desconcierto.
Miradas escondidas, cobardes, detrás de todos y cada uno de aquellos quiero y no puedo todavía latentes en el recuerdo a cada despertar.
Miradas escondidas, en la distancia, abandonadas en la lejanía de los abruptos senderos maltrechos y agotados ya por tantos viajes sin retorno.
Miradas escondidas tras el amargo sabor de una nueva e inevitable partida más.
Miradas camufladas entre las sombras de la tristeza en la soledad de las noches más amargas.
Miradas escondidas a las puertas del olvido tratando de negar tantos secretos escondidos bajo llave tras de sí.

Miradas perdidas, sentimientos encontrados, a golpe de retrovisor domingo tras domingo cuando el camino de vuelta te conduce irremediablemente a la lejanía de tu lugar de origen.

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Imágenes: Pixabay

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