Mi tren, tu tren

Antes de nacer, incluso antes de haber sido gestados en el vientre de nuestra madre, ya estamos predestinados a comenzar este viaje. Casi sin darnos cuenta nuestro tren comienza a andar y allí nos encontramos con nuestros padres, algunos de nuestros primos, tíos e incluso puede que ya algún amiguito, de esos que todos en algún momento tuvimos por cortesía de nuestros progenitores.

Durante nuestro viaje, el tren ira deteniéndose en muchas y variadas estaciones donde, en algunas de ellas nos tocará despedir a muchas de las personas que nos venían acompañando tales como hermanos o abuelos, dejando éstas un hueco imborrable en el vacío de sus asientos cual negra noche en el más duro de los inviernos. Por el contrario habrá otras muchas que nos acompañaran a lo largo del trayecto, e incluso nos dirán adiós en el final de nuestro viaje siendo nosotros los causantes de ese su vacío impenetrable en los huecos de los ya fríos y abandonados asientos. Sin embargo, en muchas de éstas paradas subirán a nuestro vagón nuevos amigos, compañeros y conocidos. Mientras que otras paradas vendrán cargadas de júbilo y emoción, llenando esos huecos vacíos con la ilusión de nuevos nacimientos. Puede que incluso alguna de estas estaciones nos muestre al amor de nuestra vida, ese que previsiblemente no se apearía de nuestro lado nunca… o puede que no, que esa compañía nunca compre un billete para nuestro viaje.

A lo largo del camino, nuestro tren pasará por altos y bajos, claros y nubarrones e incluso algún que otro accidente del que seguro salimos incluso más reforzados si cabe, provocado por el tortuoso camino en función de lo difícil del momento. Diferentes cambios de vía, idas y venidas en forma de rupturas, desavenencias, duras despedidas así como los tan ansiados reencuentros, matrimonios y reconciliaciones. Tramos cargados de alegría, otros más complicados invadidos por la tristeza mientras que unos pocos estarán llenos de emoción y fantasía. Porque tras la más dura y tortuosa de las tormentas siempre aparece esa luz que tras la calma te permite avistar con mayor claridad todas las ansiadas metas en el horizonte.

Dado que no sabemos en que momento el destino nos apeará del camino, tratemos de hacer el viaje junto a los diferentes pasajeros lo más agradable posible, disfrutando del momento entre las estaciones soleadas y luchando con la mejor de nuestras sonrisas en los trayectos más oscuros. Pues aunque nos cueste creerlo este, el tren de nuestra vida, solo pasa una vez, sin vuelta atrás más que para ver a toda velocidad lo que ya dejaste escapar y a buen seguro nunca volverá.

Ese nuestro tren, llamado VIDA…

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